martes, 23 de mayo de 2017

Verónica Pérez Arango - Tres poemas

Imagen de Peony Yip
Declaración de amor
No quiero verte entrar
al cuarto donde dormís
solo sin otros olores
que completen el tuyo
quiero un paisaje
de gestos en miniatura
parecidos a las marcas del agua
que quedan en los vidrios después de llover
no tu practicidad diaria
que todo lo puede
quiero volverme
vieja y fea a tu lado
no saber bien qué soy
entre mis pliegues de materia humana
quiero no resistirme
al trote de los caballos
que empujan adentro mío
al manojo
de llaves sonoras
de pájaros salvajes
haciendo nido en una fogata
invencible
a prueba de cualquier viento
cambiar de idioma
como si un barco equivocara el rumbo
viajando a favor de la corriente



 Imagen de Hengki Koentjoro
Padre
te moriste
padre
cuando los pájaros en la orilla lamieron tus dedos
y luego te sentaste en la arena
confundido por entender su idioma
te moriste
nadando de noche
río arriba en contra de todos
braceando drogado por la hiperventilación
y los músculos contraídos
te moriste al dar a luz
a tu primer hijo
al segundo
al tercero
y al cuarto
al parir
a tus hermanos tus padres tus amigos
al nacerte a vos mismo cuidándote de todo
abrigado a más no poder
con los cachetes como frutillas mordisqueadas
cuando abriste el libro sobre el pecho
y leíste entre líneas
lo que habías olvidado
te moriste
padre
al atravesar el barrio a pie
como quien traspasa la materia
y convierte el pan en oro
la rama en árbol
el pez en océano
te moriste todo el tiempo
a cada segundo
cada día de tu vida
a sol y a sombra
consciente de todo
cuando abriste la heladera
encendiste la estufa
y el cuarto cigarrillo
mientras comprabas leche
andabas en bici en patineta
caminabas por la ruta
desierta conversando
con los fantasmas
y el ripio se movía debajo de tus botas
para recordarte que nada está en calma
aunque haya silencio
te moriste al despertar
padre
una mañana cualquiera
todo estaba igual
los vidrios empañados
la ropa tirada al lado de la cama
deshecha
te moriste
cuando escuchabas esa música
que abre el dique que tenés en los ojos
para que salga toda el agua
entera
te moriste
en sueños y en la víspera
sin hacer preguntas
teniendo todas las respuestas
al ver que la luz de tu vela de cumpleaños
proyectaba en la pared una sombra
que no coincide
con el tamaño de tu cuerpo


Imagen de Dominique Fortin

Balance del año
Querida amiga, se acerca fin de año
estás cansada para el festejo
pero lográs encender algo, la tristeza
debajo de tu voz plena y segura.
“Voy a separarme en enero”
me confiás a la vez
que dos lágrimas como puntitas de alfileres
caen sobre el mantel.
Estamos en un bar de la costanera
con el río atrás, olemos el agua turbia
que apenas se mueve.
Nuestros vasos de cerveza se pegotean
adentro de las manos. Sentís
que la balanza de diciembre se inclina
hacia el lugar más ciego.
“Todos estamos solos, siempre”.
Lo decís y yo en ese instante
más quiero permanecer con vos
comiendo pizza, imaginando
que el agua pierde su quietud amarronada.
¿Cuándo nos perdimos? ¿qué dejamos de lado?
¿cómo nos dimos cuenta de que verdaderamente
no hay compañía posible?
¿cuál creés que va a ser nuestro próximo faro?
¿hay una llegada? ¿Él ya no llega a vos?
¿y vos a él? ¿cuándo ocurrió? ¿crujió la madera?
¿hizo click el botón? ¿cuándo sonó
la alarma en tu cabeza? ¿hay un corazón
que no pueda arrasarse? ¿qué cuerda nos une?
Estiramos los hilos de pizza
como cuando éramos chicas tensábamos
los límites de un globo de chicle.
¿Cuánto podemos aguantar? ¿a qué velocidad
podés quebrarte vos? ¿y vos?
Mucho más tarde lloramos abrazadas
para humedecer nuestras pieles
calientes de verano.
El cielo era una cápsula divina.

Estos poemas pertenecen a “La vida en los techos”

Biografía
Nació en Buenos Aires en mayo de 1976. Estudió teatro y dramaturgia durante mucho tiempo, se recibió de Profesora en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Trabaja como profesora de literatura en colegios secundarios. Vive con sus hijos pequeños y su marido en Florida.
Ha publicado varios libros de poemas, entre ellos: La vida en los techos.

Fuente: Transtierros




lunes, 15 de mayo de 2017

Tango opresivo - Herta Müller (relato)

Foto de Cole Thompson

Tango opresivo
Herta Müller


El liguero de mamá le deja marcas profundas en la cintura y le encabalga el estómago sobre el bajo vientre encorsetado. El liguero de mamá es de damasco azul claro con tulipanes descoloridos y tiene dos verrugas de goma blancas y dos hebillas de alambre inoxidable.
Mamá pone las medias de seda negra sobre la mesa. Las medias de seda tienen pantorrillas gruesas y transparentes de cristal negro. Las medias de seda tienen talones redondos y opacos y dedos afilados y opacos de piedra negra.
Mamá se sube las medias de seda negra. Los tulipanes descoloridos nadan desde las caderas sobre el vientre de mamá. Las verrugas de goma se vuelven negras y las hebillas se cierran.
Mamá introduce sus dedos de piedra, mamá comprime sus talones de piedra dentro de los zapatos negros. Los tobillos de mamá son dos gaznates de piedra negra.
Severa y ronca, la campana tañe la misma palabra. Su tañido llega desde el cementerio. La campana dobla a muerto.
Mamá lleva la oscura corona de ramos de abeto y crisantemos blancos.La abuela desgrana el susurrante rosario de cuentas blancas con la imagen redonda de la Virgen sonriente y la descolorida inscripción de la monarquía en húngaro: Szüz Mária, Köszönöm. El rosario se columpia bajo el índice de la abuela, colgando de su menuda falange enrojecida.
Yo llevo un manojo de helechos enmarañados, de nervaduras muy finas, y un puñado de velas tan blancas y frías como mis dedos.
El vestido de mamá forma pliegues negros. Los zapatos de mamá taconean en pasitos cortos. Los tulipanes de mamá nadan en torno a su vientre.
La campana repite la misma palabra en su tañido. El eco la sigue y la precede y no se extingue. Con sus pantorrillas de cristal y sus tobillos de piedra avanza mamá a pasitos cortos hacia el eco de la palabra, internándose en el tañido.
Ante los pasos de mamá camina el pequeño Sepp con una corona de siemprevivas y crisantemos blancos.
Yo avanzo entre la oscura corona de ramos de abeto y el rosario susurrante de cuentas blancas. Voy detrás de mi helecho enmarañado.
Atravieso la puerta del cementerio y tengo la campana ante mi cara. Tengo el tañido de la campana debajo del pelo. Tengo el tañido en la sien, junto a los ojos, y en las blandas articulaciones de mi mano, bajo el helécho enmarañado; tengo el nudo bamboleante del cordón de la campana en la garganta.
El índice de mi abuela tiene manchas azulinas en la raíz de la uña y está muerto. La abuela cuelga su rosario susurrante de cuentas blancas en la lápida, sobre la cara de papá. Donde están los ojos hundidos de papá está ahora el rojo corazón descarnado de la Virgen sonriente. Donde están los labios duros de papá está ahora la inscripción húngara de la monarquía.
Mamá se ha inclinado sobre la oscura corona de ramos de abeto. Su estómago le encabalga el bajo vientre. Los crisantemos blancos se enrollan sobre las mejillas de mamá. Su vestido negro ondea al viento que vaga por entre las tumbas. El pie de cristal negro de mamá tiene una grieta angosta y blanca que le sube por las piernas hasta la verruga de goma, hasta el vientre de mamá, sobre el cual nadan los tulipanes.
La abuela pellizca con su índice muerto el helecho enmarañado que está al borde de la tumba. Yo introduzco las velas blancas por entre las nervaduras y horado la tierra con las frías puntas de mis dedos.
El fósforo vacila azul en la mano de mamá. Los dedos de mamá tiemblan y la llama tiembla. La tierra devora las falanges de mis dedos. Mamá pasea la llama alrededor de la tumba y dice: no hay que horadar la tierra de las tumbas con los dedos. La abuela estira su índice muerto y señala el corazón rojo y descarnado de la Virgen sonriente.
En las escaleras de la capilla aguarda el cura. Sobre sus zapatos cuelgan unos pliegues negros. Los pliegues suben por su vientre y llegan hasta la barbilla. Detrás de su cabeza oscila la cuerda de la campana, el grueso nudo. El cura dice: recemos por las almas de los vivos y los muertos, y junta las manos huesudas sobre su barriga.
Los ramos de abeto doblan sus pinochas, el helecho curva sus enmarañadas nervaduras. Los crisantemos huelen a nieve, las velas huelen a hielo. El aire se pone negro sobre las tumbas y murmura una oración: y tú, Dios nuestro, Señor de los ejércitos celestiales, libéranos de este exilio. Sobre la torre de la capilla, la noche es tan negra como los pies de cristal de mamá.
Las velas destilan una maraña chorreante de su dedos. La maraña chorreante se pone tiesa como mis costillas al contacto con el aire. El pabilo, deshecho y carbonizado, no aguanta las llamas. Por entre las velas quebradas rueda un terrón bajo el helecho.
Mamá tiene en su frente los crisantemos enrollados y dice: no hay que sentarse sobre las tumbas. La abuela estira su índice muerto. La grieta en la pierna de mamá es tan ancha como el índice muerto de la abuela.
El cura dice: mis queridos fieles, hoy es el día de Todos los Santos; nuestros queridos difuntos, las almas de nuestros muertos, celebran hoy una fiesta de alegría. Es su día de fiesta.
El pequeño Sepp, con las manos cruzadas sobre la corona de siemprevivas, está junto a la tumba vecina: libéranos de este exilio, oh Señor. Su cabello canoso tiembla bajo la luz trémula.
Con su acordeón rojo, el pequeño Sepp acompaña a las blancas y ondulantes novias por el pueblo; acompaña a las parejas de invitados a la boda con sus blancos lazos de cera en torno al altar, bajo el corazón rojo y descarnado de la Virgen sonriente; acompaña la torta de vainilla con las dos palomas blancas de cera encima y la deja ante la cara de la novia. Con su acordeón rojo, el pequeño Sepp toca el tango opresivo para los brazos y las piernas de los hombres y las mujeres.
El pequeño Sepp tiene dedos cortos y zapatos cortos. Con sus dedos cortos bien estirados presiona las teclas. Las teclas anchas son de nieve, las teclas angostas, de tierra. El pequeño Sepp presiona muy poco las teclas angostas. Cuando las presiona, la música se enfría.
Los muslos de papá se pegan al vientre de mamá, en torno al cual nadan los tulipanes descoloridos.
La novia ondulante es la vecina. Hace señas con el índice. Me corta un trozo de tarta y, sonriendo tímidamente, me pone sobre la mano las blancas palomas de cera.
Cierro la mano. Las palomas se calientan como mi piel y sudan. Meto las blancas palomas de cera en una albóndiga de carne y en un pan al que le hinco el diente. Engullo el pan y escucho el tango opresivo.
Mamá pasa bailando con los tulipanes que nadan en los muslos de mi tío junto al borde de la mesa. Tiene los crisantemos enrollados en torno a la boca y dice: con la comida no se juega.
El cura levanta sus manos huesudas en nombre del Señor: libéranos de este exilio. De sus manos asciende una chorreante maraña de humo que flota en torno al nudo del cordón de la campana y sube hasta la torre.
La tumba se ha hundido, dice mamá. Hay que echarle dos carretadas de tierra y una de estiércol fresco para que crezcan las flores. El zapato negro de mamá cruje en la arena. Es algo que bien puede hacer tu tío por tu hermano muerto, dice mamá.
La abuela se cuelga el rosario de cuentas blancas en su índice muerto.
Los ojos hundidos de papá miran el pie de cristal negro de mamá con la grieta blanca. Los zapatos negros de mamá van sorteando toperas entre tumbas desconocidas.
Atravesamos la puerta del cementerio. El pueblo se hunde en sí mismo y huele a ramos de abelo y helecho, a crisantemos y maraña de cera.
Ante mis pasos va el pequeño Sepp.
El pueblo es negro. Las nubes son de damasco negro.
La abuela desgrana su rosario de cuentas blancas. Mamá me aprieta los dedos en su mano.
Papá es nuestra alma muerta. Papá tiene hoy su día de fiesta y pasa bailando a la orilla del pueblo.
El liguero de mamá le deja marcas profundas en la cintura. Papá pega sus muslos contra una nube de damasco negro mientras baila un tango opresivo.

Fuente: Zoopat


sábado, 13 de mayo de 2017

Natasha Tiniacos - Tres poemas

Foto de Aaron D. Feen

Piel del desespero

“la eternidad es un trompo que se agarra en la uña”
Vicente Gerbasi

Según la agencia ambientalista
una lata tarda entre ochenta y doscientos años en descomponerse.
Una botella de plástico, mil.
El vidrio, millones.

Cuánto demorarán estas palabras en encontrar
su primer amanecer;
el día en que se abotonarán la camisa para tomar tu aliento.

Solo intuyo qué cantidad de calendarios
tomará mi espalda para ceder
porque he aprendido a sobrevivir,
apretar los puños, fruncir el ceño
y esperar mi turno inclinada
donde los niños no hurgan la basura.

Imagen de Dominique Fotin

Wireless

Nunca se me dijo que se cortarían los hilos
para no caer en pecado
sino en picada.
Soltar el cordón era esto:
aprender a caminar, tropezarse,
habituarse al suelo,
igual que un fruto desunirse
de la rama que ataja,
despejar el campo a cicatrices, ocultar
el orín en la cama.

No era menester tocar el fondo,
reinventar el espejo en la pantalla
y poblar una cantera de anónimos,
ahí donde la gravedad es desmerecida
y el tiempo se encumbra y retrocede.

No solo era cuestión de desatar
los dedos de los nudos,
sino de zarpar y desenterrarse
mientras uno en la vertiente
encarna
el alud del mango que se pudre.

Foto mía

Veinte estados imaginarios en Facebook

1-Un párrafo para descaminarse.
2-En el escurridero del feed soy desperdicio.
3-Envidio la vergüenza del avestruz.
4-Se venden pastillas para retroceder, info aquí.
5-No creo en la ilusión, creo en la miopía.
6-No odio volar.
7-Hago la siesta en el polvo permanente de lo particular.
8-Abajo tengo fiebre.
9-Advertencia: existir es estar fuera de uso.
10-Hay un criminal en cada uno de nosotros. Mi víctima es el tiempo.
11-Todo en mi cama está hecho por personas que nunca conoceré y temo que en cualquier momento mis lámparas regresen a las manos de su origen.
12-Yo le rezo al alma del escritor fantasma.
13-Se busca estrofa para soneto sobre la libertad. Favor abstenerse la poesía comprometida.
14-Ponte en mi lugar.
15-Llévate la corona de tu almohada.
16-OPEN HOUSE
17-Sin preservativos.
18-Irremediable ceniza.
19-Entonces a usted le gusta que le digan lluvia.
20-¿Cuál es la velocidad de la oscuridad?

De: Historia privada de un etcétera

Biografía
Natasha Tiniacos (Venezuela, 1981). Fue seleccionada como poeta en residencia en el International Writing Program de la Universidad de Iowa y becaria de la Oficina de Asuntos Públicos de la Embajada de los Estados Unidos en 2014. El mismo año mereció una beca de residencia artística en Vermont Studio Center. Ha trabajado también en CAMAC (Francia) y Centre de Art La Rectoria (España). En 2015 fue seleccionada como becaria para Experimenta/Sur por el Goethe Institut de Bogotá y Siemens Stiftung. Fue profesora de Literatura Inglesa en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y editora principal de la revista de arte contemporáneo Backroom Caracas. Sus poemas han aparecido en revistas nacionales e internacionales, así como interpretados por compañías de danza y teatro. Actualmente vive en Nueva York y es becaria Santander del programa de Escritura Creativa de New York University.
Publicaciones: Historia privada de un etcétera (Los libros del fuego 2016, La cámara escrita 2011) y Mujer a fuego lento (Editorial Equinoccio 2007).

Fuente: Revista Cantera



viernes, 12 de mayo de 2017

VALERIA ROMÁN MARROQUÍN - poemas

Foto de Tomasz Gudzoway

DESPUÉS DE LAS BOMBAS
i.

DESPUÉS DE LAS BOMBAS VINIERON LOS SANMARQUINOS
corriendo bajo cuesta
hacia /la incertidumbre/
                             un laberinto de piedras y humo

tres juraron entre lágrimas no retroceder
ante una totalidad articulada/compleja/contradictoria y sus instituciones
y sin embargo enterrados sus rostros sus costillas
el olor a batalla les quemaba las narices
un rumor de derrota se sobreponía / después de las bombas
despejaron el terreno
pesando sus pasos
y golpe tras golpe
y grito tras grito hacia                                        el desconcierto

un laberinto de piedras y panfletos donde anduvimos perdidos
bajo la mirada de trescientos uniformados
dos tanquetas complacientes
y tres perros del lugar

inevitablemente
/quedaba esperar/

a lo lejos el sol quema sin haber salido


ii.

DESPUÉS DE LAS BALAS VINIERON LOS CAÍDOS
y avanzaron
como única verdad legítima justa y grande entre cuantas ha conocido la historia
bajo la mirada tres perros del lugar
trescientos perros del estado
cien estudiantes (y un poco menos, se especulaba) formados
algunos con palos otros con miedo
desnudos los ojos abiertas las voces
a defender una
única hipótesis posible                                     todopoderosa porque es cierta
ESTAMOS CONVENCIDOS LA LUCHA ES EL CAMINO
                                       hasta quedar exhaustos

pero indivisibles

después de las bombas
la ansiedad de la lógica en sus cabezas y en sus bocas
un vacío como la noche negra
en sus estómagos / un laberinto de piedras y pan duro para la noche
acaso
una formación social concreta con una historia específica se ha levantado
acaso
un hito un proceso revolucionario –de entre los varios procesos en la historia– siquiera prerevolucionario
acaso
una oportunidad para la articulación
de nuestro glorioso movimiento una oportunidad
para recuperar por fin recuperar el cogobierno recuperar los espacios de la reforma por fin
denunciar mil veces denunciar grupos autoritarios
sectores corruptos sectores reaccionarios
los mismos miserables sirviendo a un aparato abiertamente privatizador
mercantilista sirviendo
acaso no el estado acaso en su cima los andes sostengan el deber democrático de brindar a
todos los malditos amurallados un libro un mísero libro hasta el punto de no dejarnos morir
acaso
un laberinto
una vanguardia en nuestros estómagos acaso lenin nos veía acercarnos cien años atrás acaso
estamos sangrando
acaso los nombres las consignas los héroes las batallas el dolor se quedan en el silencio
de la madrugada
plena hora en que atacaron                 miserables
la negra noche /como un hoyo/


iii.

DESPUÉS DE LAS BALAS VINO EL FISCAL
defensoría
la prensa
un par de curiosos un congresista

después de las bombas mirarnos las caras

y pensar
que todo está hecho

a lo lejos la victoria quema
un rumor de retorno permanece bajo la sombra

nudo de inquietudes: nadie baja la cabeza

Datos de la autora:
Valeria Román Marroquín, Nació en  Arequipa - Perú - 1999. En la actualidad estudia Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el 2016 publicó su primer poemario: "Feelback". 

Fuente: Revista Cantera


martes, 2 de mayo de 2017

Rupi Kaur - poemas

 Os dejo algunos poemas de Rupi Kaur. Su voz profunda y actual se vuelve indispensable para dar frescura a la panorámica poética más joven. Toca todos los temas relacionados con la problemática de la mujer y sus valores.  
Compone e ilustra sus propios poemas, lo que hacen de su poesía una unidad estética y visual.
Estos poemas pertenecen a su libro "Milk and Honey". En está ocasión la versión al español es mía, María Germaná Matta. 

***  
todos avanzamos cuando
reconocemos cuan resilientes
y sorprendentes son las mujeres
que nos rodean.


 ***
al parecer no es elegante por mi parte
mencionar el periodo en público
el origen verdadero de la biología
de mi cuerpo es tan real

esta bien vender lo que hay
entre las piernas de una mujer
mucho mejor es
mencionar su íntimo funcionamiento

el propósito festivo de
este cuerpo se considera
hermoso mientras
su naturaleza
se considera fea



***
me necesitas o
necesitas a alguien
ahí está la diferencia



nuestras espaldas
narran historias
ningún libro tiene
la columna
que soporta

mujeres de color – rupi kaur
 ***
por supuesto
que quiero
tener éxito pero
no ansío
el éxito para mí
triunfar
para ganar la suficiente
leche y miel
para ayudar
a que triunfen
los que me rodean
***

cuando dejé de buscar el hogar entre otras cosas
abandoné los fundamente del hogar que llevo dentro
encontré que no había raíces más profundas
que las que están entre la mente y el cuerpo
que decidieron ser el todo
 ***
no te dejé porque haya dejado
de amarte, te dejé porque cuanto
más tiempo me quedaba contigo menos
me amaba